Cuando adquirimos un cachorro de Yorkshire Terrier, un ser especial llega a nuestro hogar, y justo es que le prodiguemos todo los cuidados y el amor del mundo. Recuerde que ha sido separado de su madre y sobre todo de sus hermanos y es por ello que inevitablemente sufrirá de lo que se denomina stress. Este stress es muy peligroso ya que hará que sus defensas bajen y si no lo cuidamos esos importantes primeros días en nuestra casa, podrá enfermarse de cuanto virus o parásito oportunista se halle en el ambiente. Si Ud. las primeras noches lo deja solo encerrado en un baño, en un garaje o, lo que es peor, en el patio, ese stress se agudizará y pondrá en serio riesgo su salud.

Este estado se supera fácil y rápidamente si a la noche lo pone en una cunita cerca suyo, y en caso de que llore con sólo estirar su mano y acariciarlo, se calmará y sentirá su afecto.

El Yorkshire Terrier, al ser un perro de compañía, necesita que se lo alce en brazos la mayor cantidad posible de veces, para que su carácter sea cariñoso y no agresivo y le permita ser sociable con otras personas. No hay nada más desagradable que un Yorkshire Terrier, que son todo dulzura y provoca en la gente el acercársele, malhumorado y gruñón con quienes se le acercan.

También es importante que luego de adquirido el cachorro lo lleve a un control veterinario, el cual constatará su estado general de salud, le recomendará su próxima dosis de vacuna y antiparasitario, y le dará consejos sobre la mejor alimentación.

No descuide su vacunación anual y su desparasitación semestral. Esto contribuye a tener un perro sano, con un inmejorable manto y nos asegura que nos acompañará en nuestra vida por muchos años y no perderá las características inigualables de la raza Yorkshire Terrier.